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lunes, 12 de noviembre de 2012

¿CUAL ES EL OBJETIVO DE LA MEDICINA?

Ciencia que se ocupa de prevenir, diagnosticar y curar las enfermedades del cuerpo humano.
Su objetivo primordial es erradicar la enfermedad humana, ya sea de forma individual en un solo paciente, o en una colectividad en la que se ha producido un brote epidémico. Para ésto es necesario realizar un diagnóstico y pronóstico de la enfermedad, así como establecer un tratamiento terapéutico en los enfermos que trata. El diagnóstico o reconocimiento de la enfermedad debe ser lo más completo posible, lo que exige una precisión pluridimensional, afrontada desde diversos puntos de vista y, a la vez, individualizada en el paciente, es decir, referida a la forma clínica y características especiales que definen a la enfermedad en el enfermo correspondiente. Todo ello posibilitará una mejor predicción del curso de dicha enfermedad, su gravedad y sus posibilidades de curación. El plan terapéutico puede ser de muy diversos tipos: tratamiento medicamentoso, quirúrgico, fisioterapéutico, etc., y en muchos casos, también psicoterapéutico. Todos estos constituirían los objetivos inmediatos de la medicina asistencial o clínica.
Sin embargo, el objetivo de la medicina no es sólo la curación una vez contraída la enfermedad, sino también la prevención de ésta, para lo cual es la medicina preventiva la encargada de ofrecer los consejos oportunos sobre higiene, alimentación, actitudes personales, etc.
En los últimos años, la medicina ha progresado de forma espectacular, hecho al que han contribuido de forma extraordinaria otras ciencias, como la biología o farmacología. Para la primera, que busca un conocimiento general de las cosas, es primordial la investigación básica, que permite que ese conocimiento sea utilizado en la investigación aplicada, es decir, aquella que busca algo que tenga una utilidad, que sirva para mejorar la salud u otros aspectos de la vida. Pero el progreso de la medicina no se debe sólo al desarrollo científico; el desarrollo tecnológico, especialmente en la última década, ha contribuido de forma notable a los avances médicos. De hecho, la rápida adquisición de los nuevos conocimientos por parte de los profesionales de esta ciencia, hace que los textos de medicina que publican en las revistas científicas caduquen muy rápidamente después de su aparición.
Así, el siglo XX ha asistido al descubrimiento de vitaminas que curan las enfermedades carenciales, al hallazgo de antibióticos como la penicilina, a la fabricación de vacunas contra agentes bacterianos muy específicos, a la inmunización frente a enfermedades víricas, a los avances en el tratamiento de afecciones endocrinas y metabólicas y, gracias a las aportaciones de la genética y de la inmunología, se ha progresado mucho en el campo de los transplantes de tejidos y órganos.
Para la adecuada práctica de la medicina se hace necesario la existencia de instituciones adecuadas, tales como hospitales y otros centros públicos de salud, clínicas privadas, centros de planificación familiar, administrativos, de investigación, etc., todos ellos distribuidos en diferentes pueblos y ciudades. También son muy importantes los aspectos relacionados con la educación médica, de modo que cada país posee una serie de requisitos, determinados por los comités y consejos, para conseguir los títulos y licencias que hacen posible practicar esta ciencia, aunque en los países desarrollados suelen ser bastantes similares. Por otra parte, los grandes avances científicos han llevado a considerar de forma distinta a como se hacía años atrás, la ética de los médicos en su labor profesional. Una nueva disciplina denominada bioética se ocupa de estos aspectos y afronta temas tan discutidos como el mantenimiento de enfermos terminales, la interrupción voluntaria del embarazo, la manipulación genética que permite elegir el sexo y otros caracteres de nuestros hijos, o la posibilidad de crear animales genéticamente idénticos mediante procedimientos de clonación.

Historia de la medicina

En los últimos ciento cincuenta años la medicina ha pasado a ser dominio de la ciencia; antes de esto, la curación era cosa de la tradición y la magia, actitudes precientíficas que, en muchos casos, han persistido hasta nuestros días.

La más primitiva evidencia de la práctica de la medicina apareció durante la Edad de Piedra, en el período Neolítico, como prueban algunos cráneos encontrados en excavaciones, que tenían practicadas perforaciones, presumiblemente para que salieran los espíritus demoníacos; esta práctica era, y es, llamada trepanación.
Los tratamientos médicos en las culturas primitivas se encontraban a medio camino entre lo empírico y lo mágico. Los tratamientos del primer tipo incluían extracciones de sangre (sangrías), dietas, cirugía -por supuesto muy poco desarrollada-, y la administración de numerosas pociones, lociones y remedios de hierbas -algunos de los cuales se utilizan también en la moderna medicina. El segundo tipo de tratamientos se reservaba para las dolencias más graves; en éstos había que contar con la disponibilidad propiciatoria de los dioses, y era preciso que una persona -que encarnaba las figuras del doctor y del sacerdote- realizara rituales especiales con provisión de amuletos. La práctica de los exorcismos -sacar el diablo del cuerpo, u obtener la salud por medio de la fe- es aún práctica vigente en determinados rituales en nuestra sociedad. Otras ciencias empíricas, como la acupuntura o la homeopatía son también conocidas desde tiempos remotos.
El desarrollo de la ciencia de la medicina comenzó con la filosofía natural griega. Hipócrates, justamente considerado en la historia como el padre de la medicina, fue el gran médico de la Antigüedad clásica, cuyo nombre ha pasado a ser casi sinónimo de todo aquello que implique o tenga relación con la medicina. Se asocia el término hipocrático, ("juramento de Hipócrates") a códigos de conducta moral que rigen en la actualidad las pautas de los profesionales de la medicina en su servicio de la humanidad. Galeno de Pérgamo, una autoridad de la medicina clásica, ya dejó claros los términos anatomía y fisiología, y toda la medicina medieval se basaba en los textos del griego, si bien algo adulterados.
En los siglos XVI y XVII se ponen los cimientos de la medicina moderna; hombres como Fabricio Vesalius y William Harvey renovaron la crítica, dieron los primeros pasos en la investigación médica y, tal vez, hayan sido los más innovadores en medicina preventiva, anestesia y terapia con medicamentos.
La medicina preventiva se comenzó a practicar en época medieval cuando los barcos trajeron a Europa la peste negra, y se instauró la llamada cuarentena, que consistía en el aislamiento de los posibles afectados durante un período de cuarenta días, al cabo de los cuales, si no se desarrollaba la enfermedad, las personas podían salir de la nave.
La anatomía ha constituido una de las principales áreas de estudio a lo largo de toda la historia de la medicina, lo que es posible apreciar en los estudios iniciados por Aristóteles y Galeno, entre otros. En la época renacentista destaca la figura de Leonardo da Vinci y, posteriormente, en el siglo XVII, Marcello Malpighi, que fue el fundador de la anatomía microscópica.
Estudios más próximos a nosotros fueron las investigaciones de Edward Jenner sobre vacunación, y la teoría de los gérmenes en las enfermedades, propuesta por Louis Pasteur y desarrollada por Robert Koch. Importantes investigaciones sobre la anestesia y la asepsia, de Joseph Lister, contribuyeron al avance de la cirugía, y Crawford Long y James Simpson fueron los pioneros en su uso. Las terapias con drogas tienen un claro origen en los remedios con hierbas; dos de los descubrimientos más importantes en el siglo XX con respecto a este campo fueron la insulina (Frederic Banting y Charles Best) y la penicilina (Alexander Fleming), principios sobre los que se derivaron todos los antibióticos, la quimioterapia, drogas, sulfamidas, etc.

La medicina actual

En el siglo XX, la medicina ha sufrido una transformación radical, especialmente en lo que se refiere a la capacidad de actuación de los profesionales de esta ciencia que, en nuestros días, pueden curar enfermedades que antes eran mortales, creando unas expectativas de vida muy grandes. Estos avances se manifiestan en los métodos de diagnóstico, en la terapéutica médica y quirúrgica, e incluso en la medicina preventiva.
 
Entre los elementos de diagnóstico más sofisticados se encuentran las modernas técnicas de reconstrucción de modelos tridimensionales del cuerpo (tomografías tradicionales, ecografías, tomografía axial computarizada y resonancia magnética), además de las visiones directas del interior del organismo (artroscopia, cirugía endoscópica, cirugía cardíaca teledirigida, etc.). La exploración mediante analítica bioquímica e imagen permite conocer hoy día cualquier rincón y reacción del cuerpo humano. Los avances de la cirugía son también espectaculares. La utilización del microscopio, el rayo láser como elemento disector, las técnicas de los transplantes -que han posibilitado salvar miles de vidas gracias a la implantación de órganos completos (corazón, riñón, hígado...) en enfermos desahuciados-, las técnicas de cirugía endoscópica, las múltiples y finísimas intervenciones guiadas sobre áreas muy reducidas del cerebro, e incluso los ensayos actuales de cirugía robotizada y controlada por ordenador sin que intervenga prácticamente nada la intervención de la mano humana, sumado todo ello a mejores suturas, sistemas de hemostasia, de corte y disección, han creado un panorama muy satisfactorio en la cirugía.
Uno de los campos quirúrgicos más importantes es el referente al corazón y los grandes vasos. Las técnicas de dilatación de válvulas (hoy por vía endovenosa), recanalización de coronarias, y otras consecuciones a corazón abierto, inimaginables hasta hace poco, han posibilitado la continuación de la vida a numerosos pacientes.
Por desgracia, esos avances de la medicina no se manifiestan por igual en todos los países del planeta, de tal modo que, aún existiendo un avance general en todas las ramas de la actuación médica, unos sectores de la población tienen mejor acceso a ella, y por tanto están mucho mejor protegidos que otros, especialmente los de países marginados y pobres. Asignatura pendiente, ya en los albores del siglo XXI, que tienen pendiente tanto la medicina como los dirigentes políticos que estructuran la dinámica social y económica del mundo.

Pero todavía la medicina tiene que enfrentarse a numerosos retos, entre los que se encuentran el cáncer, el tratamiento de muchas enfermedades mentales como el Parkinson y la enfermedad de Alzheimer, y numerosas enfermedades infecciosas como la hepatitis y el SIDA (Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida). Aunque la ciencia ha conseguido importantes logros en su lucha contra las enfermedades infecciosas, existen otras para las que no se conoce un método de combate eficaz.

En el caso del SIDA, por ejemplo, aunque la terapia farmacéutica presenta cada vez mejores resultados, hace tiempo que se intenta encontrar una vacuna que ponga freno a esta plaga de nuestros días. El virus de la hepatitis B (VHB), además de producir enfermedades hepáticas, origina una forma común de cáncer, y es el carcinógeno humano más importante, después del tabaco. En este sentido, el progreso de la biología molecular del VHB ha encontrado interesantes aplicaciones médicas, entre las que se encuentran la prevención de las infecciones por medio de las vacunas. Se han depositado muchas esperanzas en las nuevas vacunas creadas mediante ingeniería genética, para la erradicación de este tipo de enfermedades.
El cáncer, por su parte, se trata con muy distintos métodos según el tipo, pero en la actualidad se sigue buscando un sistema de inmunoterapia, es decir, un tratamiento que permita incrementar el potencial innato del sistema inmune, que constituye la principal defensa natural del cuerpo contra virus y otros invasores extraños, incluido el transplante de órganos, para eliminar las células cancerosas. Y, en cualquier caso, la inmunoterapia constituye un buen complemento de los tratamientos ya existentes.

Gracias a las modernas técnicas de bioquímica y genética molecular se ha abierto un campo enorme de futuras posibilidades para controlar las enfermedades hereditarias. Existe un proyecto mundial, el Proyecto Genoma, coordinado por numerosas instituciones y que tiene por objetivo obtener el genoma humano completo. Los mapas que se obtengan serán de gran valor en investigaciones acerca de la organización génica y cromosómica, así como en la identificación de genes implicados en ciertas enfermedades genéticas.

Los progresos médicos prometen más salud en un futuro, mediante el empleo de nuevas terapias, la manipulación genética, la construcción de órganos artificiales, el empleo de fármacos de diseño y la aplicación de otras ingeniosas técnicas para restaurar las funciones orgánicas. Igualmente se combatirán muchos más agentes infecciosos. No obstante, todos estos conocimientos deben ser aplicados para permitir una mejor calidad de vida, y habrá que tener muy en cuenta los aspectos éticos que cada caso conlleve.

Medicina natural

La medicina natural se fundamenta en el empleo de las plantas medicinales. Durante mucho tiempo los remedios naturales, y principalmente las plantas medicinales, fueron el principal y único recurso de que disponía el médico para intentar las curar enfermedades.
El desarrollo científico y tecnológico permite a la industria farmacéutica y muchos equipos de investigación utilizar y extraer de las plantas aquellas materias primas necesarias para la fabricación de medicamentos elaborados. A pesar de ello, todavía en nuestros días no se ha perdido el uso de estas plantas de forma natural; de hecho, la gente intenta saber cada vez más sobre la utilización de éstas, sus principios activos y su aplicación en el tratamiento de diversas enfermedades. Incluso la venta de estos productos en los herbolarios se ha visto incrementada en los últimos tiempos.
Muchos especialistas afirman que los remedios a base de plantas tienen grandes ventajas en comparación con los tratamientos químicos, debido a que sus principios activos se encuentran biológicamente equilibrados porque existen sustancias agregadas unas a otras con cierto grado de dependencia y por sus recíprocas conexiones, de tal forma que éstas no se acumulan en el organismo y sus efectos contraindicativos son muy limitados. Las sustancias activas de las plantas medicinales suelen ser principalmente productos del metabolismo primario, formados gracias a la fotosíntesis, tales como sacáridos; así como sustancias resultantes del metabolismo secundario, formadas por asimilación del nitrógeno, entre los que se encuentran aceites esenciales, resinas y alcaloides.
Son numerosas las técnicas de recolección, preparación, secado y conservación que permiten utilizar correctamente las plantas medicinales, pero la manera más sencilla de emplearlas es mediante infusiones simples o compuestas, o en forma de preparaciones. Sus efectos pueden ser muy diversos -estimulantes, diuréticos, laxantes, estomacales, antisépticos, antirreumáticos, digestivos, etc.-, lo que, en ocasiones, depende de cuál sea la parte de la planta utilizada -hojas, raíces, rizomas, semillas, pétalos, tallos o frutos-. De todas formas, conviene recordar que como muchas plantas contienen sustancias venenosas, no deben ser empleadas con ningún fin sin contar con la opinión y correcta prescripción del médico o farmacéutico.

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